El día que dejé de mirar los anuncios igual

Proyecto Marketing Hacking

Hace ya bastantes meses me di cuenta de que estaba cambiando mi manera de aprender.

Cada vez que encontraba un curso, un infoproducto o incluso un libro que prometía resolver una necesidad muy concreta, dejé de preguntarme automáticamente si debía comprarlo. En lugar de eso, empecé a investigar el problema con ayuda de la inteligencia artificial, contrastando la información con fuentes fiables y construyendo después una solución adaptada exactamente a mi caso.

A veces esa solución acababa siendo un pequeño documento. Otras, una web interactiva, un GPT personalizado, una colección de ejercicios o un laboratorio de aprendizaje diseñado a mi medida. Todo ello con la ayuda de la IA.

No siempre era la mejor opción. Hay excelentes profesionales, libros y cursos cuyo valor merece ser reconocido. Pero descubrí que, en muchas ocasiones, podía construir una respuesta suficientemente buena para mi necesidad concreta y, de paso, amortizar las suscripciones a las herramientas de IA que ya utilizaba.

Sin embargo, lo más interesante no fue el ahorro económico. Fue la sensación de haber recuperado una forma de aprender que creía perdida. Me recordó a los primeros años de Internet, cuando la Red era, sobre todo, un lugar para investigar, experimentar, compartir y construir. Antes de que casi cualquier necesidad pareciera terminar inevitablemente en una suscripción mensual.

Con el tiempo apareció una segunda intuición. Quizá el verdadero valor de muchos anuncios no está en la solución que venden, sino en la necesidad que han sido capaces de detectar. Detrás de cada promesa suele haber una pregunta humana auténtica: aprender mejor, dormir mejor, comunicarse mejor, organizarse mejor o crear mejores hábitos.

¿Y si, en lugar de aceptar automáticamente la solución comercial, utilizáramos esa detección como punto de partida para construir la nuestra? Esa idea fue el origen de un proyecto que he empezado a llamar Marketing Hacking.

No pretende luchar contra el marketing, sino aprovechar una de sus mayores fortalezas: su extraordinaria capacidad para detectar necesidades humanas. La diferencia está en que la respuesta ya no tiene por qué ser siempre una compra. Puede ser una investigación, un proceso de aprendizaje, una conversación, un proyecto personal… o, sencillamente, una decisión tomada con más criterio.

Este es el primer protipo del experimento Marketing Hacking

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